EL MALVADO SACAMUELAS

 
(Fernando Lalana)
LOS CUENTOS DE RAMÓN CAGÓN Y RENATA JABATA (MINIMIEDO Nº 4)

Mi primo Ramón Cagón es un tremendo miedoso. Sufre el pobre como un oso, pues no se atreve a hacer nada. No sube en el autobús por miedo a que el conductor no se pare en su parada. Se mordió la lengua un día comiéndose una hamburguesa y ahora se hace pis de miedo cuando se sienta a la mesa. De pequeño, en un partido, le dieron un empujón y nunca más ha querido correr detrás de un balón, ni jugar a balon-tiro, ni al frontón, ni a las canicas siquiera. Me dice que no hay manera porque solo de pensarlo le galopa el corazón.
¡Vaya problema que tiene mi primo Ramón Cagón!

HOY: EL MALVADO SACAMUELAS

Para mi primo Ramón, un dentista es como un ogro malvado, vestido con bata blanca y armado con un taladro. Yo le he dicho muchas veces que el dentista no hace daño y hay que ir una vez al año para cuidarse los dientes, que es cosa fundamental.
Hoy su mamá lo ha engañado como a un chino. Le ha dicho que iban al cine y en un taxi lo ha metido. Pero, claro, al llegar a la consulta y abrirles la puerta la enfermera diciendo que pasasen a la sala de espera, Ramón lo ha comprendido todo. Y se ha echado a correr por la escalera gritando como un bobo.
-¡Socorro, policía, que me quieren pinchar en una encía!
Al llegar al primero, ha tropezado y el portero, que ya estaba avisado, lo ha pescado como quien pesca un mero, sin soltar ni el plumero. Y de vuelta a la consulta lo ha llevado.
¡Pobre Ramón, qué número ha montado!
Para poder hacer la revisión lo han atado al sillón. Él se ha escapado. Ha mordido al doctor y a su ayudante; y a un señor que esperaba para hacerse un implante.
Por fin, lo han conseguido. Entre el portero, mi tía, la enfermera y el vecino del principal tercera, que fue boxeador, han logrado sujetar a Ramón sobre el sillón; y así el doctor ha podido hacer la revisión.
-Ya está -dice el doctor-. He terminado.
-No me haga sufrir más -dice mi primo-. ¿Cuántas muelas me tiene que arrancar?
-Ni una sola, chaval. Tienes la boca sana igu?al que una manzana.
-¿De verdad? ¿Y para esto he pasado tan mal rato?
-Esas cosas te pasan por ser un insensato.
-Entonces... ¿vuelvo dentro de un año?
-¡Ni lo sueñes! Para dentro de un año búscate otro dentista. Ahora coge tus cosas... ¡y fuera de mi vista!
Al ver a su doctor tan enfadado, se da cuenta mi primo del lío que ha montado.
-No tengo solución -lloriquea Ramón, desconsolado.